La esencia de la conducción deportiva del León se basa, fundamentalmente, en un principio básico: gran potencia bajo control absoluto.

Sus marchas largas siempre dispuestas a ofrecerte nuevos estímulos, hacen de él un automóvil necesario para aquellos que no conducen sólo para desplazarse de un lado a otro, sino para emocionarse en cada recorrido.